Punto 2

La ciencia de la Sardina

Las escamas de bronce de la escultura, un  homenaje a la fiesta del Entierro de la Sardina cuyas raíces se remontan al siglo XVII, están rodeadas de ciencias: biología, física y mucha historia, brotan y fluyen corriente abajo por nuestro río. Y es que no es fácil hacer un puente que resista la furia del Segura, un río cuyo ecosistema baña el corazón de su ciudad. Eso por no hablar de los secretos que esconde el puente.

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Una sardina con mucha física

En 2007, Miguel Llamas inauguraba su Monumento a la Sardina del río Segura, un enorme pez de bronce con una singular estructura en su interior: una bomba que le permitía lanzar un potente chorro de unos 20 metros de longitud.

Para ello, el escultor tuvo que emplear sus conocimientos de ingeniería más selectos, ya que el chorro es casi tan largo como la propia escultura, que mide 23 m, de cabeza a la cola. El secreto de este mecanismo está en el conocido como principio de Bernoulli. En dinámica de fluidos, este describe el comportamiento de un líquido moviéndose a lo largo de una línea de corriente.

Según esta ecuación, un líquido aumenta su velocidad al pasar por la boca estrecha de la propia boca de la sardina, el extremo de la fuente. Al salir disparada, el agua sale en un flujo turbulento y produce un bello arco, que es como conocemos al "chorro" de la sardina.

  •  = velocidad del fluido en la sección considerada.
  •  = densidad del fluido.
  •  = presión a lo largo de la línea de corriente.
  •  = aceleración gravitatoria.
  •  = altura en la dirección de la gravedad desde una cota de referencia.

¿Sabías que...?

Aunque Bernoulli dedujo que la presión disminuye cuando aumenta la velocidad del flujo, fue Leonhard Euler, quien derivó la ecuación de Bernoulli en su forma habitual, en 1752.

Un ecosistema en el corazón de la ciudad

El río Segura, especialmente a su paso por la capital, ha sido moldeado por la mano humana así como por las constantes avenidas de agua. Los tramos de bosque de ribera o bosque galería del Segura son el único y vestigio del bosque caducifolio en la Región de Murcia. La sardina de la que hablábamos se baña en dicho río.

Es un río mediterráneo, a cuyas orillas conviven especies como álamos, chopos, olmos, fresnos y tarays, junto a saucedas arbustivas, zarzamoras y madreselvas, entre otras. Debido a los numerosos cambios, necesarios por una ciudad creciente, la sardina que aquí decora el río jamás vio el vergel que en otros puntos se convierte. Sin embargo, incluso a su paso por la ciudad de Murcia, el río trae sorpresas naturales.

Como otros ecosistemas fluviales, el río es un canal por donde las diversas especies animales y vegetales pueden moverse aguas arriba y aguas abajo. En cuanto a la fauna que lo habita, destacan algunas especies en riesgo de extinción, como por ejemplo la nutria, que se encuentra sobre todo en la Vega Alta, aunque ha llegado a verse a orillas de la ciudad. Este mamífero se alimenta de barbos, carpas, cangrejos de río, rata de agua, lirón careto y otros anfibios, muchos de los cuales pueden verse en este mismo puente.

¿Sabías que...?

Durante los 17 años que transcurrieron entre la destrucción del puente anterior y el inicio de las obras del nuevo, se utilizó como método para cruzar el Segura un puente de barcas, que siguió haciendo su función durante el largo proceso constructivo.

Cómo construir un puente para resistir las riadas

Frente a la sardina se encuentra el puente más famoso de la ciudad de Murcia. El puente de los Peligros o puente Viejo fue finalizado en 1742. Es el más antiguo de los que hoy se conservan en la ciudad, de lo que se deriva el nombre de puente Viejo. Su nombre popular de puente "de los Peligros" se debe a la presencia a su lado de una hornacina que guarda la imagen de una virgen denominada de los Peligros, cuya efigie, según la creencia murciana, protege a la ciudad de las terribles avenidas del Segura.

El 26 de septiembre de 1701, una riada destruyó el puente anterior, que era medieval, aunque fue reformado en el siglo XVI. Su construcción, no obstante, duró nada menos que 24 años. Eso sí, se hizo bien.

¿Cómo se consigue que un puente resista la fuerte avenida de un río furioso? Para asegurarlo, Toribio Martínez de la Vega diseñó el puente de arcos con grandes y sinuosos tajamares. Un tajamar es la parte que se agrega a las pilas de los puentes, aguas arriba y aguas abajo, en forma curva o angular, de manera que pueda cortar el agua de la corriente y repartirla con igualdad por ambos lados.

Estas construcciones hacen que las pilas de los puentes ofrezcan menor resistencia a la fuerza de arrastre generada por el agua. También son conocidos como partidores de flujo. El gran pilar central, bien asentado pero capaz de distribuir el agua y los restos que flotan en ella, permitiría que el puente no se cayera jamás.

En 1850, el puente vivió una ampliación para ensanchar sus aceras a través de una estructura metálica unida a la sillería. Siendo insuficiente esta primera ampliación, en 1867 se agrandó todavía más la estructura metálica superior, quedando la imagen del puente tal y como se puede contemplar en la actualidad.

El proyecto del Puente Viejo resultó todo un éxito ya que se convirtió en el primer puente de la historia de Murcia que aguantó sin problemas las periódicas inundaciones del río Segura, incluyendo la gran riada de Santa Teresa de 1879.

El secreto del puente de los Peligros

En 1718 se colocó la primera piedra del gran sillar labrado que supone el pilar central del puente. Según recogen los cronistas, en su cara superior se grabó la leyenda: “Jesús, María y José. Año 1718”. Y en sus cuatro caras laterales, otras tantas cruces.

Según cuentan, en la cara superior de la piedra, se abrió un hueco donde se introdujo un documento con los nombres del Rey Felipe V y del Papa Clemente XI a la que se añadió una medalla de plata del Papa, otra del cardenal, otra del Cabildo de la Catedral y otra de la Ciudad de Murcia; 2 reales, uno mejicano y otro segoviano, otra medalla con la imagen de Santa Catalina y dos cruces de Caravaca.

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